La obscura bendición de la enfermedad crónica

 

Artículo de Gen Samten Kelsang

Era el Centro Manjushri en 1983. Me acababa de mudar y éste iba a ser mi primer encuentro con Gueshe Kelsang Gyatso. Tenía 18 años, acababa de salir de la universidad y temblaba de emoción por conocer a alguien que creía que me llevaría a la iluminación. En ese encuentro aceptó ser mi Guía Espiritual. En las décadas siguientes se convirtió en un padre para mí.

Toda mi vida he sufrido de epilepsia (resistente a los medicamentos). También otras condiciones neurológicas – piernas inquietas y TDAH. Al principio, cuando conocí a Gueshe-la, me dio consejos que atesoro sobre cómo abordar la epilepsia desde el punto de vista del Dharma. Nunca lo he olvidado, y me gustaría relatarlo ahora con la esperanza de que pueda ayudar a otras personas.

Gueshe-la me dijo que considerara mis convulsiones como mi maestro. Esto puede aplicarse a cualquier condición de salud. Ahora me gustaría compartir lo que he aprendido de este invalorable consejo durante los últimos 40 años.

Cultiva fortaleza mental. La debilidad no es una opción.

He vivido casi toda mi vida sin esperanza de salud. Durante unos breves momentos podía surgir la esperanza de una cura, pero luego se apagaba rápidamente. Si padeces una enfermedad crónica, probablemente estés íntimamente familiarizado con la desesperación. Por favor, recurre a una fuente de esperanza más profunda y verdadera. Debes hacerlo. Estás entre la espada y la pared y no tienes elección. Elige lo que sea en las enseñanzas de Buda que toque tu corazón. Esta es tu fuente de esperanza. Para mí, empezó siendo la vacuidad, pero a lo largo de varias décadas pareció transformarse en compasión y bodhichita. Eso se convierte en nuestra verdadera fuente de esperanza.

No podemos obtener una realización profunda y experimental de nuestra fuente de esperanza verdadera sólo mediante el aprendizaje de libros.

Sólo hay un camino: tenemos que sufrir. Todos tenemos que sufrir para desarrollar la profundidad psicológica para alcanzar la verdad liberadora del Budadharma. Podrás ayudar a la gente a progresar en su camino del Dharma. Guiarás a la gente hacia la verdadera felicidad de la liberación. Y, lo que es más importante, podrás proteger a la gente del sufrimiento y el dolor, no sólo en esta vida sino en la vida después de la vida. Tu enfermedad y tu dolor tienen un significado y un propósito espiritual. Sí, sé lo duro que puede ser, pero es tu oscura y dolorosa bendición.

Las personas cuyas mentes son débiles necesitan la esperanza de alguna creencia mundana de que su cuerpo de esta vida volverá a estar bien. Sé fuerte. La gente te necesita.

No se puede discutir con la enfermedad crónica. En ese acto psicológico de abandono hay una gran fuerza, si se guía con sabiduría. Te hace fuerte. Pero es una fuerza que el mundano no puede ver. Mantenerse en pie e intentar llevar una vida normal, mientras cada átomo de tu enfermedad quiere que te rindas. Esta batalla te da una fuerza inmensa pero oculta –que la mayoría de la gente no puede ni siquiera percibir o comprender.

Recuerda siempre la vacuidad durante tus actividades diarias.

Mi consejo sobre la vacuidad es triple si tenemos una enfermedad crónica:

1) Concéntrate en la vacuidad de tu cuerpo

2) Concéntrate en la vacuidad del “yo”

3) Recita con frecuencia el Sutra del Corazón

1) Tenemos que meditar en la vacuidad de nuestro cuerpo porque en la vacuidad no hay cuerpo. Por lo tanto, no hay enfermedad. Durante las noches que he pasado tumbado en la cama sin poder dormir debido a la inquietud de mis piernas, meditar en la vacuidad de mi cuerpo ha sido un gran alivio. La vacuidad y la bodhichita han sido lo único que ha ayudado.

2) Tenemos que meditar en la vacuidad del yo. Tanto si tenemos una enfermedad como si no, acumulamos muchos recuerdos dolorosos en torno a nuestro sentido del yo. Pero la enfermedad golpea el corazón del concepto de uno mismo y le inflige un tipo de dolor especial. Te moldea, te crea. Tenemos que meditar sobre la vacuidad de nuestro yo para descubrir la panacea de la paz de la vacuidad.

3) Tenemos que recitar y reflexionar sobre El Sutra del Corazón. Esta es una de las formas más poderosas de mejorar nuestra comprensión de la vacuidad, y aún así tan bendecida, intuitiva y más allá de mi capacidad de expresión.

Debemos recordar la vacuidad en esos momentos oscuros en los que más la necesitamos. Esto ocurre no en la sesión de meditación, sino durante nuestras actividades diarias. Es cuando más se necesita de ayuda, cuando podemos ser empujados al máximo, y cuando el mundo puede parecer más oscuro. Por favor, recuerda la vacuidad en esos momentos. No tenemos elección. Tenemos que profundizar en nuestra comprensión de la vacuidad ahora, mientras tenemos la oportunidad. También podemos dejar la vacuidad para otro día. Probablemente moriremos antes de ese día. Siempre es “hoy” cuando morimos, y “mañana” es el día en que dejamos la práctica espiritual. No tenemos elección.

Si no fuera por el sufrimiento y el dolor que soporté por la enfermedad, no pensaría tanto en la vacuidad. Esta es la primera bendición oscura y dolorosa que me dio la enfermedad.

Abandona el miedo y abraza la muerte. Vuélvete un viajero.

La epilepsia está impregnada por el miedo. El miedo y yo somos viejos amigos. Cada vez que entro en una habitación, miro inmediatamente a mi alrededor para ver si hay algún mueble que pueda causar heridas. Hoy lo hago de forma automática e inconsciente. Ocurre sin que yo lo decida. Esquinas afiladas, bordes duros, calefactores calientes, cristales, la lista continúa. Incluso las habitaciones familiares. El miedo a las heridas me acompaña desde que tenía 5 años. A lo largo de los últimos 50 años, el miedo se multiplicó a medida que fui tomando conciencia de cómo las convulsiones afectan al resto de las cosas mundanas que me conciernen: donde vivo, lo que hago, cómo afecta mi salud física y cognitiva. Cómo la medicación que tomo para prevenir mis convulsiones está pudriendo mi cerebro y mis órganos internos. Cómo cada convulsión devasta mi cerebro. El miedo forma parte de la epilepsia. Ahora el miedo se está reduciendo gradualmente a medida que pienso en mi mortalidad y considero que la única razón para estar vivo es ayudar a los demás.

Ya no temo a la muerte. Para las personas mundanas, el miedo a la muerte es en realidad miedo a la pérdida. Tememos perder a nuestros amigos, perder los lugares que nos son familiares, perder la fachada tranquilizadora de la seguridad. Durante una enfermedad crónica larga, dolorosa o traumática, uno llega a conocer la pérdida íntimamente. Puede llegar un momento en que la enfermedad nos haga perder tanto que ya no temamos la pérdida. En ese momento perdemos el miedo a la muerte.

Sin embargo, sí temo al renacimiento. Gueshe Potowa dijo: 

No temo a la muerte sino al renacimiento.

Renacer en el samsara. Renacer como un insecto. Renacer en el infierno. Vida tras vida, sin fin. Sí, a esto le temo.

Sólo la comprensión de la muerte comienza a resolver el miedo. Cuando hayas mirado a la muerte a la cara varias veces, ese lúgubre maestro te revelará finalmente que el miedo a la muerte es miedo a la pérdida. La pérdida de todo lo que uno aprecia.

Me considero un viajero que pasa por esta vida, y de vida en vida. Cuando la enfermedad es grave, empieza a enseñarnos que estamos de paso, que pronto moriremos. Buda dijo: 

Todo encuentro termina en despedida.

Intento ayudar a la gente lo mejor que puedo, amándola incondicionalmente y estando dispuesto a dejarla atrás para pasar a la siguiente vida. Dejarás atrás a todos tus conocidos, incluso a las personas que más quieres. Por favor, comprende esto. Un viajero ama a las personas incondicionalmente porque sabe que las dejará atrás.

La epilepsia me enseñó a entender el sufrimiento de la gente. Cómo derretir este frío y duro corazón. Las personas egoístas necesitan aprender a combinar su enfermedad crónica (si tienen la suerte de tenerla) con el Dharma. De lo contrario, ese corazón frío y duro permanecerá congelado en un estado perpetuo de egoísmo.

Haz de la compasión tu práctica principal.

Las personas descubren la compasión de muchas maneras diferentes. La mía fue a través de la enfermedad crónica. Puede que la tuya sea otra. Dicho en la forma más simple, la compasión es el deseo de proteger a las personas del dolor y el sufrimiento. Si estás gravemente enfermo, por favor, haz de la compasión tu práctica principal. Sin compasión no tenemos vida y estamos muertos. No huyas del sufrimiento de tu enfermedad. Voltéate y mírala a los ojos. Mira con atención. Mira de cerca. Con el tiempo, en lugar de ver nuestro propio dolor, empezamos a ver el dolor de los demás, la enfermedad de los demás, las lágrimas de los demás, la pérdida de los demás. Su sufrimiento se convierte en nuestro sufrimiento. De este modo, nuestra naturaleza de Buda comienza a crecer. Pero no sin dolor.

Por favor, practica la compasión. Es el método más poderoso para transformar tu dolorosa enfermedad en algo bueno. No puedes librarte de la enfermedad física. Mientras tengas un cuerpo, esa será tu carga, tu dolor, tus lágrimas y tu miseria. Sin embargo, la compasión despierta tu corazón. Nos damos cuenta de que la enfermedad no tiene que ver con nosotros: hay millones de personas ahí afuera con cosas peores. Cuando la compasión bendice nuestra mente no elimina nuestra condición crónica, pero nos ayuda a darnos cuenta de que nuestro sufrimiento es insignificante. En esa realización descubrimos un propósito para nuestro sufrimiento. Descubrimos un sentido.

Hay mucha gente ahí afuera con dolor crónico. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién lo hará?

El valor de los amigos.

Me considero bendecido por haber contado con el apoyo de mis amigos y mi familia. El grado de amabilidad y ayuda que he recibido ha sido enorme y profundamente conmovedor.

Por favor, comprende. Las personas que padecen enfermedades crónicas son increíblemente estoicas y fuertes, pero aún hay un dolor amargo que es muy difícil de sobrellevar. Cuando la gente no cree o duda que estés luchando con una enfermedad crónica, esto atraviesa el corazón. Te hace ser reservado sobre tu dolencia, enfadado, deprimido y, eventualmente, amargado y cínico. Incluso un poco de comprensión ayuda enormemente.

Este artículo puede parecer pesado. Puede que hable demasiado de la muerte, o de otros temas difíciles. Pero esta es la realidad de alguien con una enfermedad crónica y grave. Estos pensamientos oscuros y pesados es a lo que despiertan. Viven con esta realidad todos los días. Es una carga difícil de soportar, una carga pesada y solitaria. A veces, los problemas de salud (aspectos físicos o mentales) han sido demasiado fuertes para soportarlos yo solo. Mi mente es fuerte, pero a veces ni siquiera eso ha sido suficiente. Es entonces cuando la oscura bendición de la enfermedad crónica enseña el valor de los amigos sabios y cuidados de la familia. Sólo he llegado hasta aquí en la vida gracias a las personas que estuvieron dispuestas a ayudarme en los momentos difíciles. Si alguna de esas personas está leyendo este artículo, gracias: te lo debo todo.

Incluso un poco de comprensión por parte de amigos de confianza es un rayo de sol que puede penetrar a través de las oscuras y ominosas nubes de los pensamientos más dolorosos que acompañan a la enfermedad. La comprensión de un amigo empático y bien informado ayuda a recuperar la fortaleza mental que estaba decayendo. Cuando las personas se muestran comprensivas, la mente que sufre recibe esperanza y optimismo. Y vuelven las ganas de vivir. Creemos que la comprensión es sólo conocimiento. Pero la comprensión también tiene que ver con el amor, el cuidado, la aceptación y la empatía. Son estas cualidades las que dan a nuestra capacidad de comprender la enfermedad el poder de iniciar el proceso de curación.

A lo largo de los últimos 40 o 50 años, a veces he defraudado a un amigo. Tal vez no consideré a ese amigo lo suficientemente importante, o tal vez intenté seguir el camino de la conveniencia. Ahora comprendo con claridad cristalina que estaría muerto si no fuera por mis amigos. La amistad se convierte en algo raro y sagrado para cualquier persona con una enfermedad crónica. Se ha convertido en algo sagrado para mí. Nunca lastimaré a un amigo. Jamás.

La única manera de comprometerse de forma realista con este ideal es cultivar la ecuanimidad. Esto significa cultivar un corazón bondadoso que esté libre de estados mentales volubles y parciales, y que abrace a todos con calidez y amabilidad. Esto también proviene de la bendición oscura y dolorosa de la enfermedad crónica.

El significado espiritual y el propósito de nuestra vida.

Solía creer que era un meditador, un yogui. Me he dado cuenta de que no lo soy. Mi propósito en esta vida no es tanto meditar como enseñar. Es la enseñanza del Dharma lo que me da sentido y (creo) mantiene mi vida. No puedo explicar cómo sucedió esto, pero son las oscuras y dolorosas bendiciones de la enfermedad crónica lo que me reveló cuál es mi vocación y qué no lo es. Al menos en esta vida. Mientras haya un propósito y sentido en mi vida y vocación, entonces hay valor en que yo viva. Proteger a otras personas de su sufrimiento ayudándolas a realizar la vacuidad es la única razón que tengo para vivir. Es la única razón por la que tengo el privilegio de estar vivo y seguir respirando.

Hemos de tener condiciones diversas. Tal vez estemos postrados en la cama, o agotados por la fatiga crónica, o atormentados por la fibromialgia extrema. Puede que sintamos que no tenemos nada que perder porque ya lo hemos perdido todo. Este es un buen sentimiento y debemos cultivarlo. Habiéndolo perdido todo, somos libres de ser un Bodhisatva. 

¿Por qué la gente practica el Dharma durante años sin ningún cambio real? Porque el Budadharma atemoriza a nuestro egoísmo y aferramiento al ego. Las enseñanzas de Buda exigen cambios, y a nuestra mente necia, mezquina, egoísta y egocéntrica le aterra el cambio. Pero cuando las oscuras y dolorosas bendiciones de la enfermedad crónica se lo llevan todo, ya no hay nada que perder. A nivel material puede que aún tengamos cosas. Pero psicológicamente todo ha desaparecido. Vacío. Nada. Entonces podemos empezar a ser la persona que Buda quiere que seamos. Un Bodhisatva.

Nuestro único trabajo es proteger a los demás del sufrimiento y el dolor. Si estamos muy enfermos tenemos que ser radicales. Ser más extremos que la gente normal. Abandonar comportamientos y formas de pensar egoístas. De todos modos, ya lo has perdido todo y no te queda nada de valor mundano que perder. Conviértete en un Bodhisatva y aprende las 6 perfecciones. Los tiempos difíciles y la enfermedad – sólo esto hace que la vida valga la pena. El mundo necesita a los Bodhisatvas. El mundo nos necesita. Eres fuerte, como un superhéroe. Por favor, no permitas que tu enfermedad simplemente refuerce tu samsara o te haga sentir débil. Debemos convertirnos en Bodhisatvas. No hay elección. La gente nos necesita. 

Cuando nos convertimos en Bodhisattvas, nos sentimos inspirados a hacer votos solemnes y sagrados sobre cómo vamos a beneficiar a los demás cuando nos iluminemos. Por ejemplo, los 35 Budas de la Confesión o los 7 Budas de la Medicina tienen poderes diferentes y distintivos. Estoy lejos de ser un Bodhisattva, pero hago esta promesa ahora: cuando me convierta en un Buda, liberaré a los enfermos neurológicos de su dolor. Esto no es un sentimiento, es una promesa.

Somos Budistas Mahayana. Pronto moriremos y perderemos nuestra oportunidad de desarrollar la bodhichita. Necesitamos comprender el sufrimiento de los demás ahora. Necesitamos comprender la enfermedad de los demás ahora. No hay tiempo que perder. Este es mi mensaje.

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