Diez formas en que somos iguales

8 minutos y medio de lectura.

No es un secreto que hoy día los seres humanos no nos estamos llevando muy bien entre nosotros. Las razones son muchas pero podría decirse que las causas más profundas se encuentran en nuestra psicología desordenada, más que en el mundo exterior.

Buda era un psicólogo experto; diagnosticaba lo que nos aflige en lo más profundo y prescribía la cura. Vivió en una época en la que el sistema de castas estaba arraigado en la sociedad india, pero con sus enseñanzas y su ejemplo práctico consiguió mostrar cómo se podía vivir sin los prejuicios y el odio, los “ismos” de su tiempo. Enseñó a todos por igual, desde los monarcas hasta los parias, y enseñó que todos SON iguales.

Lo que sigue es sólo una lista que se me viene a la cabeza. Probablemente haya más formas de igualdad. Pero sirve para empezar. Contemplarlas a todas o algunas, incrementa mi amor por los demás y me levanta el ánimo.

1. Igualmente llenos de potencialidad: Todos tenemos la misma profundidad espiritual o naturaleza de Buda, el mismo potencial indestructible para la iluminación, las mismas semillas innatas de pureza, bondad, amor, felicidad, compasión y sabiduría. Independientemente de nuestro envoltorio, todos los seres vivos tienen mucho más en común que no. Si pudiéramos aprender a distinguir a las personas (lo que incluye a los animales) de sus engaños y verlas, en cambio, como puras en esencia, incluso como futuros budas, la paz y la armonía mundiales se dibujarían rápidamente en el horizonte.

2. Igualmente deseosos de ser felices y libres: Todo ser vivo tiene los mismos dos deseos básicos; el deseo de ser feliz y el deseo de liberarse del sufrimiento. Nadie tiene el monopolio de estos deseos. Al igual que el ejemplo del copo de nieve dado aquí, tenemos mucho más en común que no.

Aunque todos merecemos por igual ser felices y libres, desgraciadamente nuestro enemigo común, las perturbaciones mentales, causa que esto suceda en su lugar:

Aunque los seres sintientes desean liberarse del sufrimiento,
No dejan de crear sus causas,
Y aunque desean la felicidad,
Debido a su ignorancia la destruyen como si fuera su enemigo ~ Shantideva

3. Igualmente yo y los demás: Dependiendo de nuestra perspectiva, todos somos igualmente yo e igualmente los demás. Lo que significa que si soy especial por ser yo, los demás también lo son; y si los demás no son especiales por ser los demás, yo tampoco lo soy.

En nuestra sociedad defendemos de palabra la igualdad:

Sostenemos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad. ~ Constitución de los Estados Unidos

Pero por supuesto, debido a nuestras perturbaciones mentales, algunos hombres son creados más iguales que otros, por acuñar una frase. O más bien, así lo creen.

Algunas de estas ideas sobre la igualdad innata que transforman la vida, tan prominentes en el entrenamiento mental budista, también han surgido en otras religiones y en el discurso político, por supuesto. La verdad es la verdad, la encontremos donde la encontremos.

Todos necesitamos un descanso de nuestra narrativa.

No obstante, un área importante de la igualdad, que siempre queda tan rezagada como para ser prácticamente inexistente, es la perspectiva humana generalmente aceptada sobre los animales. Según el Budismo, persona, ser, y yo, son sinónimos, por lo que los animales son tan persona o ser como nosotros. Y además, podemos acabar siendo animales.

4. Igualmente sujetos a las perturbaciones mentales: Tanto si nuestros delirios se manifiestan con fuerza como si nos dejan en paz, en tanto y en cuanto nuestra ignorancia del aferramiento propio se mantenga, no somos libres de la amenaza de las perturbaciones mentales. Podemos liberarnos temporalmente del odio, por ejemplo, pero si no nos liberamos del odio en forma permanente, volveremos a odiar, causándonos sufrimiento a nosotros mismos y a los demás. Por eso la liberación temporal de determinados sufrimientos no es suficiente: tenemos que deshacernos de todos nuestros sufrimientos de forma permanente destruyendo su raíz, el aferramiento propio.

5. Igualmente inmersos en samsara: Mientras compartimos esta prisión llamada samsara, todos experimentamos por igual los sufrimientos del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, sin obtener lo que queremos, obteniendo lo que no queremos y experimentando insatisfacción. Independientemente de nuestro estatus en esta vida samsárica en particular, todos estamos igualmente sujetos en general a los tres sufrimientos: manifiesto, del cambio, y subyacente. También estamos igualmente sujetos a los seis sufrimientos de la incertidumbre, a no encontrar satisfacción, tener que dejar nuestro cuerpo una y otra vez, tener que renacer una y otra vez, tener que perder el estatus una y otra vez, y no tener compañía. Independientemente del lugar que ocupemos en los seis reinos, tarde o temprano todos los experimentamos, y lo hemos hecho desde tiempos sin principio.

Algunas personas son temporalmente más afortunadas que otras en un momento dado; pero nadie en los seis reinos es más especial. Si realmente queremos ser especiales, sería mejor que nos liberáramos y nos ilumináramos por el bien de todos los seres. Sólo somos especiales cuando nos damos cuenta de que no somos especiales.

En lugar de segregarnos de los demás seres vivos, el consejo de Buda es segregarnos a nosotros mismos y a los demás de los verdaderos guardianes de la prisión = los engaños.

6. Igualmente sujetos al karma: Todos estamos igualmente sujetos a la ley del karma, la ley interna de causa y efecto en la que nuestras intenciones son las causas y nuestras experiencias son sus efectos. Como en la gravedad, donde para todos, lo que sube tiene que bajar, así también para todos, nuestras acciones positivas han de conducir a la felicidad y nuestras acciones ilusorias o negativas han de conducir al sufrimiento.

7. Igualmente bondadosos: Cada ser vivo ha sido la madre de todos los demás seres vivos. Muchas veces de hecho. Debido a nuestras diferentes apariencias, no nos reconocemos como madres, sino más bien como amigos, enemigos y extraños. Pero estas apariencias son engañosas y nos mantienen divididos.

Todos son igualmente amables cuando se trata de ayudarnos física, emocional, mental y espiritualmente vida tras vida. Esta es la meditación llamada de la bondad amorosa.

Necesitamos a todos por igual como objeto de amor y compasión, paciencia, generosidad, etc., si queremos alcanzar la iluminación.

8. Iguales ante los ojos de los seres iluminados: Debido a su sabiduría omnisciente y a su compasión universal, los Budas aman a todos por igual, sin ningún tipo de favoritismo. Es una de las cualidades del ser iluminado y la razón por la que los seres iluminados son verdaderas fuentes de refugio.

9. Igualmente vacíos de existencia inherente: El venerable Gueshe Kelsang dice en Budismo Moderno que para fundir nuestra mente con la vacuidad, debemos comprender que:

Aunque los fenómenos aparecen en muchos aspectos diferentes, son en esencia vacíos. Las diferencias que vemos son sólo apariencias ante mentes equivocadas; desde el punto de vista de la verdad última todos los fenómenos son iguales en la vacuidad.

Cuando nos deshacemos de nuestra ignorancia del aferramiento propio y tenemos esta experiencia de la vacuidad:

todo es apacible y cómodo, equilibrado y armonioso, gozoso y maravilloso.

Cuando puedas, echa un vistazo a una enseñanza hermosa llamada “Las diez igualdades” en Océano de Néctar (en el capítulo: Identificación del objeto de negación).

10. Igualmente mera designación o imputación: Siempre estamos construyéndonos como “alteridad” los unos a los otros – es una función de nuestro aferramiento propio donde yo soy en esencia yo y tú eres en esencia tú. Por extensión, yo, yo mismo, y a quienes identifico en mi grupo, son más importantes y/o mejores que tú y tu grupo.

Hay mucha sensibilidad en torno a la raza, por ejemplo. Así, personas blancas pueden sentir que se les acusa de racistas cuando no sienten serlo. Pero las personas negras conocen de primera mano los peligros de que los blancos sean ciegos al racismo sistémico en este y otros países, incluyendo Sudáfrica, donde recientemente tuve el beneficio de pasar un mes.

La sabiduría de Buda nos ayuda a ir más allá de cómo nos designamos los unos a los otros. Estamos todos juntos en este mismo sistema y tenemos que salir de él juntos. Nadie es más igual que los demás. Todos somos Nosotros. Todos somos Yo.

Shantideva explica que categorizamos a las personas según si nos sentimos superiores, inferiores o más o menos iguales. Estas categorías que conducen al orgullo, la falta de mérito y la competitividad se basan en el engaño de la estima propia, que nos hace sentir en permanente relación con respecto a los demás, compitiendo por la posición como un caballo de carrera. Es agotador, y se basa en designaciones imputadas a través de la ignorancia y el egocentrismo.

Cuando nos intercambiamos con los demás según el método de Shantideva, cambiamos lugares con alguien en cada una de estas categorías, y luego volvemos la mirada hacia nosotros mismos. Al movernos del yo a otro, desarrollando empatía, las designaciones desaparecen. Esto nos muestra que las designaciones no existen de su propio lado. Detrás de esas designaciones, no hay nada.

Al igual que Buda, acabó con todos los ismos de su tiempo en sus enseñanzas, creo que podríamos hacer algo parecido entre nosotros para curar los males sociales de la homofobia, la transfobia, el racismo, el sexismo, el edadismo, el capacitismo, la xenofobia, el excepcionalismo, etc., así como para dejar de despreciar a los animales y abusar de ellos para nuestros propios fines en el especismo.

Hay un verso digno de mención en la Ofrenda al Guía Espiritual tsog que siempre me ha gustado:

Puesto que los brahmines, parias, puercos y perros poseen la misma naturaleza, por favor, deléitate.

Esto muestra que todos, independientemente de su posición social presente, somos igualmente vacíos de existencia inherente, y existimos como mera imputación. Las designaciones son imputadas por el pensamiento: si cambiamos nuestros pensamientos de racistas, homófobos, xenófobos, misóginos y especistas al amor, la empatía, la compasión y la sabiduría, la forma como designamos a los demás también cambiará. Y como no hay nada que encontrar más allá de la designación, todo cambiará.

En resumen

Estas enseñanzas budistas para reconocer nuestra igualdad en diversas formas, son muy prácticas. No pretenden ser áridas o intelectuales; pueden empezar siendo intelectuales, pero deben llegar al corazón a través de la contemplación y la meditación. Nos ayudan a romper la ilusión de separación, aumentando nuestra empatía y amor. Empezando por nosotros, pueden ser utilizados por todos para marcar una enorme diferencia.

Si desea agregar un comentario, hágalo al final de la versión en inglés de este mismo artículo -comentarios en todos los idiomas son bienvenidos! Ten ways we are all equal.